Capítulo 1 de 4 · A2 · Fácil
El molinero y la molinera
El sombrero de tres picos
Esta historia pasó hacia el año 1805, en una ciudad de Andalucía. En aquella época, la vida en España era tranquila y antigua. Los hombres importantes, como el corregidor, el juez y alcalde de la ciudad, llevaban todavía sombreros de tres picos.
Cerca de la ciudad había un molino de harina. Allí vivían el molinero, el tío Lucas, y su mujer, la señá Frasquita. El tío Lucas era pequeño, un poco jorobado y bastante feo. Pero era muy simpático, muy listo y muy gracioso. La señá Frasquita, en cambio, era una mujer guapísima: alta, fuerte, morena, con unos ojos negros preciosos. Era de Navarra y todos la llamaban “la navarra”. Los dos se querían muchísimo y eran muy felices.
Delante del molino había una gran parra, una planta que da uvas y hace sombra. Por las tardes, debajo de la parra, se reunían los hombres más importantes de la ciudad: el obispo, el abogado, el canónigo, el corregidor... Iban a charlar, a comer uvas y a disfrutar de la simpatía de los molineros. Frasquita les servía con gracia, y el tío Lucas les hacía reír con sus bromas.
El corregidor se llamaba don Eugenio de Zúñiga. Era un hombre mayor, de unos cincuenta y cinco años, feo, jorobado también, y muy orgulloso. Siempre llevaba una capa roja y un enorme sombrero negro de tres picos. Estaba casado con doña Mercedes, una señora noble y muy seria. Pero el corregidor estaba enamorado de la señá Frasquita.
Cada tarde iba al molino con su alguacil, Garduña, un hombre delgado y astuto, como una comadreja. El corregidor decía piropos a la molinera y le hacía promesas. Frasquita y el tío Lucas sabían lo que quería el viejo, pero no le tenían miedo. Se reían juntos de él en secreto. Frasquita le seguía la corriente, porque le convenía: el corregidor podía hacer favores a la familia, como dar un trabajo al sobrino de Frasquita.
Una tarde, el tío Lucas estaba escondido en lo alto de la parra, comiendo uvas, cuando llegó el corregidor. Creyendo que estaban solos, el corregidor intentó acercarse a Frasquita, pero ella le dio un empujón y el viejo cayó al suelo. Desde arriba, el tío Lucas se reía en silencio. El corregidor se fue furioso, pensando en vengarse y, al mismo tiempo, en conseguir a la molinera.