Pishi era una manta raya enorme. Medía diez metros y pesaba más de novecientos kilos. Vivía en el océano Índico, cerca de las islas Andamán y Nicobar, con un grupo de amigas mantas. Juntas nadaban, saltaban en el agua y comían muchísimos peces pequeños.
Un día, Pishi vio un barco delante de él y se metió debajo del agua. Sus amigos se fueron nadando en todas las direcciones. Pishi movió sus grandes aletas y trató de llegar a un lugar seguro.
Entonces empezó una tormenta. Hubo un relámpago enorme y después un trueno. Pishi se perdió. El mar se volvió muy oscuro. Una ola gigante lo empujó justo debajo del barco y… ¡ay! Se hizo un corte en la barriga.
Ahora Pishi estaba triste y solo. Sabía lo que tenía que hacer: quería encontrar a sus amigos. Pero antes necesitaba curar su herida. Nadó tan rápido como pudo hacia la costa. Su corazón latía muy deprisa. “¡Ojalá no fuera tan grande!”, pensaba. Tenía que llegar a un hospital, y pronto.
Por fin vio el faro de la costa y saltó de alegría. Pishi había llegado al hospital… ¡al hospital de la naturaleza! Enseguida, un enorme grupo de peces pequeños nadó a su alrededor. Eran los mismos peces que él comía otras veces, pero ahora eran sus enfermeros. Con mucho cuidado, limpiaron la herida de su barriga.
Estos peces se llaman peces limpiadores, porque comen los trocitos de piel enferma y los pequeños bichos que viven sobre las mantas. Las mantas rayas visitan estas “estaciones de limpieza” a menudo. Aunque son enormes, son animales muy tranquilos.
Pronto Pishi se sintió mucho mejor. Dio las gracias a sus pequeños enfermeros y miró hacia el mar abierto. Ya estaba listo para buscar a sus amigos. Y pensó que quería muchísimo a su océano Índico, donde viven más de cinco mil clases de animales y plantas.