Chapitre 1 sur 2 · A2 · Facile
El rey y sus tesoros
Le Roi bourgeois
¡Amigo! El cielo está gris, el aire está frío, el día está triste. Para olvidar un poco la tristeza, aquí tienes un cuento alegre.
Había una vez, en una ciudad enorme y brillante, un rey muy poderoso. Tenía ropas ricas y elegantes, caballos de crines largas, armas nuevas y brillantes, perros rápidos y cazadores con cuernos de bronce que hacían mucho ruido. ¿Era un rey poeta? No, amigo mío. Era el Rey Burgués.
Al rey le gustaban mucho las artes. Pagaba bien a sus músicos, a sus pintores, a sus escultores, a sus barberos y a sus profesores de esgrima. Cuando iba de caza al bosque, mandaba a sus profesores de literatura escribir canciones sobre la caza. Los criados le servían vino de oro, y las mujeres aplaudían. El rey vivía entre música, risas y fiestas.
El rey tenía un palacio magnífico, lleno de riquezas y de objetos de arte. Para llegar a él, pasaba entre flores y grandes estanques, y los cisnes blancos le saludaban antes que los criados. Subía por una escalera de columnas de mármol, con leones de piedra a los lados. Tenía también una gran jaula con pájaros, porque le gustaba oír cantar, y allí se sentaba a leer novelas de moda.
Tenía un salón japonés y un salón chino, llenos de objetos raros: dragones de bronce, máscaras con ojos que parecían vivos, porcelanas, sedas, mariposas, peces y gallos de colores. ¡No los entendía, pero eran caros y estaban de moda! Tenía también un salón griego, lleno de estatuas de diosas y de ninfas, y muchos otros salones. El rey paseaba por todos ellos, con la barriga contenta y la corona en la cabeza, como un rey de la baraja.
Un día le llevaron un hombre extraño. El rey estaba en su trono, rodeado de sus profesores y de sus cortesanos.
—¿Qué es eso? —preguntó.
—Señor, es un poeta.
El rey tenía cisnes, canarios y gorriones, pero nunca había tenido un poeta. Era algo nuevo y raro.
—Dejadle aquí.
—Señor, no he comido —dijo el poeta.
—Habla y comerás —respondió el rey.