Capitolo 1 di 2 · A2 · Facile
Una casa fría
Il cuscino di piume
La luna de miel de Alicia fue un largo escalofrío. Alicia era rubia, dulce y tímida. Su marido, Jordán, era un hombre serio, duro y frío. Ella le quería mucho, pero a veces tenía miedo de él. Cuando volvían juntos por la calle, de noche, ella miraba de reojo la alta figura de Jordán, que llevaba una hora sin hablar. Él también la quería profundamente, pero nunca lo demostraba.
Se casaron en abril y vivieron tres meses de una felicidad extraña. Seguramente Alicia habría deseado un poco más de ternura en aquel amor tan rígido. Pero el rostro serio de su marido la contenía siempre.
La casa en la que vivían también hacía temblar a Alicia. Era blanca, silenciosa, con un patio de columnas y estatuas de mármol. Parecía un palacio encantado en otoño. Dentro, las paredes blancas y brillantes daban una sensación de frío. Cuando Alicia caminaba de una habitación a otra, sus pasos sonaban en toda la casa, como si el lugar estuviera abandonado.
En aquella casa tan extraña, Alicia pasó el otoño. Poco a poco dejó de soñar. Vivía dormida en aquella casa enemiga y no quería pensar en nada hasta que llegaba su marido.
No es raro que empezara a adelgazar. Tuvo una gripe ligera que duró muchos días, y después ya no se recuperó del todo. Una tarde pudo salir al jardín, apoyada en el brazo de su marido. Miraba todo con indiferencia. De repente Jordán, con mucha ternura, le acarició la cabeza despacio, y Alicia empezó a llorar. Lloró durante mucho tiempo, abrazada a él, todo su miedo callado. Después los sollozos fueron más lentos, y se quedó mucho tiempo escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.
Aquel fue el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció muy débil. El médico de Jordán la examinó y le mandó descanso absoluto.
—No sé qué tiene —le dijo el médico a Jordán en voz baja—. Tiene una gran debilidad que no puedo explicar. No vomita, no tiene nada... Si mañana se despierta igual, llámeme enseguida.
Al día siguiente, Alicia estaba peor. Los médicos dijeron que tenía una anemia muy fuerte, sin causa conocida. Alicia ya no se desmayaba, pero se acercaba claramente a la muerte. Pasaba todo el día en la cama, con la luz encendida y en un silencio total. Jordán vivía casi en la sala de al lado. Caminaba sin parar de un lado a otro, y de vez en cuando entraba en el dormitorio para mirar a su mujer.