En una ciudad del norte de España, al lado del puerto, hay un hotel enorme: el gran hotel del Águila. Es un edificio cuadrado, feo, de cinco pisos. Por él pasan cada día muchísimos viajeros. Nadie se conoce. Los huéspedes se miran sin verse, y los camareros cambian cada semana.
Es una noche de agosto, oscura y sin viento. En el tercer piso, en el balcón de la habitación 36, un hombre fuma un cigarro. Lleva un abrigo largo de verano y tiene los codos apoyados en el hierro frío del balcón. En la oscuridad, el fuego del cigarro brilla como una pequeña luz.
“Aquí se está más solo que en la calle”, piensa el hombre. “Tan solo como en el desierto.”
Dos balcones más a la derecha, en la habitación 32, hay una mujer. Está envuelta en un chal grueso de invierno y respira con dificultad. Ve la luz del cigarro y piensa: “Es un viajero que fuma.” Y siente un pequeño consuelo: no está completamente sola. “Si me pongo muy mala de repente, si grito para no morirme sola, ese hombre me oirá.”
Abajo, en el puerto, los barcos se mueven despacio. El mar hace un ruido triste a lo lejos. La ciudad duerme. El hotel duerme.
De pronto, la mujer tose. Es una tos seca, repetida tres veces. El hombre del 36 se estremece. “Tos de enferma, tos de mujer”, piensa. Y entonces se acuerda de sí mismo. Él también está enfermo del pecho, y los médicos le han prohibido fumar y salir al balcón de noche. Tira el cigarro, entra en su habitación y cierra el balcón.
“Ahora estoy sola del todo”, piensa la mujer, triste. Espera unos minutos, pero el hombre no vuelve a salir. Entonces ella también entra en su habitación.
Pasan una, dos horas. Los relojes de la ciudad dan las horas. El hombre del 36 está en la cama y no puede dormir. Tiene treinta años y está solo en el mundo. Hace tiempo que viaja de pueblo en pueblo, de hotel en hotel, buscando aire sano para su pecho enfermo. Sabe que está condenado a morir. Y nadie tiene compasión de él.
En el silencio de la noche, empieza a toser. Es una tos fuerte, rápida, enfadada, que protesta contra la muerte. Tose y tose, solo, en la habitación oscura.